Cómo hablar sobre racismo en la terapia cuando nuestra cultura se niega a aceptarlo

June 2, 2020

Terapia, Therapy

Tengo que admitir que como terapeuta en la República Dominicana, me resulta difícil hablar sobre este tema. Entiendo que no soy la persona más conocedora, pero no quiero que esto sea mi excusa de por qué no hacerlo. Entiendo que cuando hablamos de psicología, debemos de comprender que la persona es un conjunto de identidades que impactan directamente su experiencia de salud mental. Y es nuestra responsabilidad, como terapeutas, el consistentemente crear espacios seguros. Espacio en donde pacientes sientan la seguridad para hablar sobre cualquier tema que sea relevante para sus vida.

Lo primero que se debe de entender es que el racismo se encuentra presente en la República Dominicana. No es una experiencia ajena a nuestro país.

Las personas que dicen que el racismo no existe, generalmente se encuentra en el grupo que no ha sido afectado o, son personas que se niegan a entender que son parte del grupo oprimido. Ambas experiencias son válidas, en el hecho de que, si no se nos habla sobre privilegio u opresión, a veces se nos dificulta el identificarlo o nombrarlo.

Sin embargo, en nuestro país una y otra vez nos encontramos con noticias sobre cómo tenemos un sistema anti-negritud.

Ya sea por las experiencias alrededor de nuestro cabello, comentarios sobre “mejorar la raza”, cuáles personas se consideran más atractivas o con más posición económica, o hasta los términos de ser un/una negrito/negrita fino/fina. Todo esto es racismo, y son en sus expresiones más sutiles. No obstante, hay muchas personas que experimentan comentarios claros y evidente de rechazo y denigración.

 

Como terapeutas, es crucial dejarles saber a las personas que la terapia es el espacio en donde todas estas experiencias son vistas como legítimas. Las personas que asisten a terapia deben de poder tener un espacio para procesar estas experiencias.

Es nuestro deber como terapeutas el sostener estas conversaciones, aún cuando personalmente nos resulten incómodas.

Lo que no se habla en la terapia, manda un mensaje muy claro a nuestros y nuestras pacientes de qué no es “tan relevante”.

Muchas personas pudiesen estar pensando “¡Ah! ¿Pero cómo yo sé si es importante si el paciente o la paciente no lo menciona?” Fácil, preséntelo usted en la sesión. Recordemos que las experiencias de racismo son consistentemente cuestionadas, invalidadas, olvidadas, ridiculizadas o excusadas en nuestra sociedad. Y es normal que la persona que asiste a terapia no siempre tome la iniciativa de comentarlas. Muchas personas no quieren experimentar, de nuevo, que se les silencie. Por lo tanto, es importante que nosotros y nosotras como terapeutas tomemos la iniciativa y la responsabilidad de crear el espacio. Y dar la oportunidad a pacientes de hablar sobre estas experiencias en caso de que así lo deseen.

Entonces, ¿Cómo iniciamos estas conversaciones en la terapia?

 

1) Informarnos sobre nuestros propios prejuicios y trabajarlos. Como dicen “No quite la paja del ojo ajeno sin primero revisar la viga que está en su ojo”. Es imposible llegar a vivir sin prejuicios, aún como terapeutas. Lo importante es aceptar esto y activamente cuestionarnos. Algunas preguntas para hacernos:

  • ¿Por qué me causa incomodidad el hablar sobre este tema?
  • ¿Qué miedos tengo con respecto de hacer sentir a la otra persona incómoda? ¿Qué miedo tengo de que me causen incomodidad a mí?
  • En mis entrenamientos como terapeuta, ¿me he dado oportunidad de leer libros de autores que no sean solo blancos? ¿cuántos psicólogxs o autorxs negrxs sigo, leo o estudio? ¿Cuántos podcasts escucho que sean realizados por personas negrxs?
  • ¿Cuáles experiencias pudiese estar obviando por no querer hablar sobre raza/etnias con colegas o pacientes?
  • ¿Cuáles han sido mis experiencias alrededor de mi raza?

 

2) Coméntelo con sus pacientes a la hora de revisar el historial clínico. Puede ser de una forma sencilla como: ”Veo que en el historial clínico pusiste que tu nacionalidad es X, pero quería preguntarte si te identificas con cualquier otro grupo como: Negrx, Afro-Latinx, Mestizx, etc”. ¡Y diga los nombres! No son malas palabras y debemos de familiarizarnos con los mismos.

 

3) Cree temas de conversación en la terapia. Como terapeutas, muchas veces tenemos miedo sobre cómo llenamos el silencio en algunas sesiones. Aún cuando este silencio puede resultar valioso, también se puede considerar que ¡Este pudiese ser un tema perfecto para traer a colación! Puede comentarse de la siguiente forma: “Hoy quisiera hablar sobre diferentes aspectos que conforman nuestra identidad. Como terapeuta, me gusta entender que mi experiencia de vida no es la misma que la de mis pacientes y por eso quisiera hablar sobre ciertos aspectos y escuchar tu versión” e incluya orientación sexual, género, peso, raza y etnia, etc. Pueden crearse conversaciones sumamente interesantes e importantes. Y siempre debemos recordarnos de la importancia de ESCUCHAR y de mostrar interés genuino. Adicionalmente, es importante el no intentar categorizar estas experiencias como correctas o incorrectas.

 

4) Busque actividades que ayuden a crear narrativas de vida con sus pacientes. Cree ejercicios que lleven a la reflexión sobre la historia de vida de sus pacientes. Y procesen los mensajes de aceptación o rechazo que ha recibido a través de esta. Un ejercicio que me encanta poner a mis estudiantes (porque también soy instructora en una universidad) es el escribir un ensayo en donde exploren  aspectos de su identidad. Luego deben de escribir sobre cómo se dieron cuenta de que poseían estos aspectos y qué mensajes han recibido al respecto. En mi experiencia, siempre los ensayos tienen el componente de raza incluido. El escribir crea una distancia, mientras se mantiene la intimidad. Esto puede ayudar a expresar experiencias que a ciertas personas se les dificulta vocalizar.

Estos temas se van a sentir extraños en sesión.

Todavía son difíciles para mí. Y la verdad es que es un tema que no se incluye en la mayoría de los curriculums en licenciaturas y maestrías de Psicología en la República Dominicana.

Pero como terapeutas, debemos saber el cómo presenciar y quedarnos con la incomodidad, sin intentar resolverla. Muchas veces, queremos eliminar la incomodidad para nuestro propio bienestar y no el de la persona que asiste a terapia.

Parte de nuestro deber es de poder mostrarles a las personas que buscan apoyo en su salud mental el cómo pueden experimentar relaciones que incluyan curiosidad y compasión. También queremos mostrar que cada aspecto de sus vidas es importante y merece atención. Y, por último, debemos de ser ejemplo de cómo tener conversaciones difíciles y cómo sobrellevarlas. Estos temas son drenantes, y así mismo es el racismo. Pero les prometo que hablar al respecto vale la pena y es sumamente necesario. Es la psicología, y la calidad de salud mental, que tanto terapeutas como pacientes merecen.

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